Opiniones 2004-2007
: Royal Ballet turística - Washington
'Manon' más sublime que el material
Washington Post
- Una notte di passi tra stellare danza - Benois-Vicenza
Royal Ballet
'Swan Lake' extractos 'Romeo y Julieta pdd', 'Thais pdd', Cinco valses de Brahms a la manera de Isadora Duncan ',' Tchaikovsky pdd ',' Winter Dreams despedida pdd ',' Voces de Primavera pdd ',' Don Quijote pdd '
Junio de 2007 - Guadalajara, el Teatro Diana
Strictly Come Dancing de ballet
Última actualización: 23/12/2006 12:01 am GMT
Danza fue un éxito en la televisión, pero las emociones reales subieron al escenario, en el Royal Ballet y en otros lugares, escribe Sarah Crompton
Otra superestrella ......... iluminó el escenario de Sadler Wells, cuando Carlos Acosta trajo junto con sus amigos para una noche de baile alegre despreocupadamente. Encendió el Covent Garden, también, sobre todo en asociación con la igualmente imprescindible Tamara Rojo. En Romeo y Julieta, Giselle y La bella durmiente se dio pantallas brillantes de lo que significa ser un bailarín clásico.
Tamara Rojo y Carlos Acosta en Romeo y Julieta, una actuación que nadie que estuvo allí podrá olvidar.
Tamara Rojo, sublime Perfección
El Festival del Mil.lenni sí ha iniciado Con Una excelente propuesta: Invitar un Tamara Rojo, la estrella de la danza Que, Desde Que recibio El Premio Príncipe de Asturias, sí pródiga Más Por Nuestros Escenarios, Por suerte párr El Público, Que es ESTA Ocasión-la ha aplaudido y vitoreado en dos Obras de Matices Diferentes: La Esmeralda y El Cascanueces, un Través de las cuales la bailarina desplegó sin Magnífico recital de Registros.
En La Primera de ESTAS DOS Piezas, Tamara Rojo ofreció un paso sin Junto dos partenaire Su habitual, Iñaki Urlezaga. Brillante, Como Las Estrellas de la Danza de Otros Tiempos y Con UNA Técnica espectacular, la bailarina ejecutó UNA exhibición de perfección sublime, es La Que reunio Lo Mejor de Sus anécdotas: Elegancia, Caracter, giros de infarto y equilibrios UNOS Que rayaron Lo Sobrenatural.
La Esmeralda es sin fragmento de las Naciones Unidas el ballet homónimo de Tres Actos, Con Música de Cesare Pugni, Que se ofreció Bajo UNA Revisión Coreográfica de Ben Stevenson. La trama, Inspirada en Notre Dame de París, de Víctor Hugo, permite admirar una ANU Tamara Rojo coqueta Y vivaracha En Un Registro de ballet de Caracter En El Que La Bailarina de Se desenvuelve a las Maravillas mil.
En El Rol de Hada de Azúcar De Cascanueces El, Obra en La Que La Compañía participó Ballet Concierto, Tamara Rojo hizó UNA Demostracion de Altísimo Nivel de Cómo Sé Han de representar los ballets de Repertorio. Exquisita, Con UNA musicalidad extremos y semejante una bailarina UNA DE UNA Caja de Música, la artista emocionó Por Su Belleza fisica e interpretativa. Por Su Lado, Iñaki Urlezaga ofreció UNA Presencia notable en Ambas Piezas, y mostro Que TIENE dotes de bailarín de imprimación, Tanto En Su faceta de partenaire Como en las Variaciones solistas.
El Programa completo he aquí el Carnaval de Venecia, el ballet de las Naciones Unidas Con Música also de Pugni y coreografía de Petipa y Giovine un cargamento del Ballet Concierto, UNA Compañía de Intérpretes correctos, si bien las Naciones Unidas de Nivel Muy Distante al Rojo y Urlezaga, Entre los cuales destacaron Eliana Figueroa y Franco Cadelago.
MONTSE G. Otzet
Dirección Artística: Lilian Giovine
Intérpretes: Tamara Rojo, Iñaki Urlezaga y Ballet Concierto
FECHA 13 de Diciembre
LOCAL Teatre Tívoli
The Sunday Times 19 de noviembre 2006
Arte: David Dougill
La asociación de Tamara Rojo y Carlos Acosta, en el Royal Ballet La Bella Durmiente en el Covent Garden, fue una pieza de colección (y están regresando). Comparten no sólo brillantez técnica, pero la sintonía emocional y una perfecta comprensión de la conformación de sus funciones.
El Sunday Telegraph Magazine - 19 de noviembre 2006
Carrera .... El Ballet Real de 21 bellas durmientes continuó en el Covent Garden con una actuación emocionante por Tamara Rojo. El Rose Adagio, tan a menudo sólo una prueba de nervios, se convierte en un medio de displying su total dominio del tiempo y el espacio. su extraordinaria habilidad para establecer sus vueltas a cualquier velocidad que desee crear efectos muy impresionantes. sus piruetas cuádruples son tan pausado, tan claramente en forma, es como si el cerebro de alguna manera ha ejecutar el movimiento en cámara lenta, lo mejor para disfrutar de su gracia atrevida.
Ella estaba perfectamente adaptados por Carlos Acosta, haciendo su debut como el Príncipe. Muchos bailarines mostrar su princeliness con el uso de la barbilla en un ángulo antinatural y disparar sus puños en gran medida. Acosta lleva un aire de autoridad sobre él sin siquiera recurrir a los tics y gestos, y las mismas formas nobles sencillez tanto en su mímica y su baile. Se conjura la menor resplandor de Siefgried y Rudolf en la escena la visión, dando la melancolía Prtince de un toque de weltschmrz y luego, al igual que Aurora se, es transfigurado por la felicidad en el exultante gran pas de deux y sus variaciones deslumbrantes.
Financial Times
Rojo y Acosta, Covent Garden, Londres
Por Crisp Clemente - Publicado: 14 de noviembre 2006 15:48 | Última actualización: 14 de noviembre 2006 15:48
La Bella Durmiente sigue en el repertorio en el Covent Garden, y no espero ver una lectura más brillante de Aurora logró que la dada por Tamara Rojo en la noche del jueves, cuando tomó el escenario en forma radiante, con Carlos Acosta, haciendo su debut en Londres como su príncipe. Ambos artistas, por supuesto, producir maravillas de la danza clásica. Ambos artistas tienen una casi intuitiva (y emocionalmente perceptivo) la respuesta a sus funciones. Belleza exige más puro estilo, y expone a todos los por lo menos falla en las habilidades de un bailarín.
A principios de este año, Tamara Rojo propuso un punto de vista de la Aurora, que se centra en su capacidad de dar vuelta prodigiosa y equilibrar interminablemente. Me pareció indigno de ella en su énfasis bravura. Sabemos que su extraordinario talento, y nosotros admiramos mucho más su deseo de subsumir estos en las interpretaciones de la verdad penetrante: su Ondine, la Margarita, su mujer en el canto de la tierra son ejemplos de ello. El jueves, la vimos Aurora en toda su gracia y dulzura de su temperamento, así como sus habilidades extrañas piruetas cuádruples -, como si vertiendo un poco la esencia de oro, los saldos que la gravedad parece no tener lugar. La lectura en voz baja era radiante, incluso en sus momentos más prodigiosos. El baile fue expresada por todas partes con sensibilidad musical poco común. Sabíamos que la joven princesa, y la amó. (Mi única objeción:. Su tempo en la escena en solitario visión era demasiado lento, la forma de la coreografía se perdió) Era un retrato dibujado con líneas y el color emocional que no podía ser criticado. De Carlos Acosta vimos una lectura, ya que ahora esperamos, que hace que algo real y convincente del carácter sombrío Florimund, la danza gloriosa en la habilidad clásica. Su traje en el tercer acto es desfavorable (algunos de los efectos de Quasimodo-ish), pero su relato de la solista fue ejemplar. Un debut magnífico.
Para ambos artistas, la gratitud de todo, como también a Elizabeth McGorian para una sutil burla vil, Carabosse, y gracias, también, por cuenta de Boris Gruzin de la partitura. Sin reconocimiento en absoluto a la gestión, que todavía creen que la entrada de Carabosse se realiza inadecuadamente de Tchaikovsky, y que los truenos reverberantes se necesitan para ahogar a la puntuación y crea otro punto vulgar. Filisteos.
El Telégrafo
Rojo Radiante trae vida de cuento de hadas
Última actualización: 13/11/2006 12:01 am GMT
Sarah Crompton revisa La Bella Durmiente en el Royal Ballet en Covent Garden
Darcey Bussell una vez me dijo que si ella estaba paseando por un supermercado y de Tchaikovsky Adagio Rose comenzó a tocar el sistema de sonido, su estómago todavía la vuelta ante la perspectiva de tener que bailar.
Bussell día de Aurora están detrás de ella, pero para cualquier bailarina que la variación, sobre todo en una sola pierna, con cuatro príncipes de apoyo, sigue siendo el mayor desafío. No sólo es terriblemente difícil técnicamente, pero usted tiene que quitar sus equilibrios y saltos diabólicos, mientras que el aspecto de un radiante de 16 años de edad, temblando al borde de la vida.
El jueves, el Royal Ballet Tamara Rojo fue la de bailarina de someterse a un examen más riguroso de Petipa, pero no había ningún atisbo de tensión. Se sentó en un pie perfectamente arqueada como un pájaro iridiscente, su tumba, de ojos oscuros y la cara llena de expectación, como ella misma puso en marcha en el mundo.
Con cada actuación, Rojo se parece más a una de las mejores bailarinas de su generación, actuando en la cúspide de su poder físico e interpretativo. Ella da forma a cada paso con autoridad y precisión sin esfuerzo, y encuentra espacio en la música para forjar su propia interpretación. Asociación, como ella era la otra noche por Carlos Acosta, en su mayor pasión del príncipe, que crean un rayo de electricidad que trae La Bella Durmiente a la vida moderna viva.
Ambos bailarines entender que en un clásico que necesita para encontrar la emoción en los espacios entre los pasos. Tanto llevar este cuento de hadas vivo con los más pequeños gestos, un movimiento de la cabeza, una mirada - y su creencia absoluta en la historia.
Por otra parte, aunque la empresa se está instalando en recuperación Monica Mason de its1946 producción, tal convicción está extrañamente ausente. Las hadas prólogo proceder sin ningún sentido de que están otorgando regalos a la princesa pequeño; cuerpo de la parecen empequeñecidos por el paisaje majestuosamente pintados Oliver Messel, y ambos Alexandra Ansanelli y McGorian Elizabeth no encuentran el drama en la confrontación sísmica entre el bien Hada de las Lilas y el mala Carabosse.
Es difícil entender por qué esto está ocurriendo, tal vez porque la versión es histórica, los bailarines se sienten demasiado respetuoso hacia él. Cualquiera sea la razón, que empuja la historia demasiado atrás en el libro de dibujos - que es bastante, pero uninvolving, excepto cuando los directores son gloriosos en el escenario.
El ave fénix - Manon El Royal Ballet
Por: Jeffrey Gantz - 6/21/2006 12:40:40 PM
Tamara Rojo: Ojos grandes, grandes arcos, ni la amoralidad.
Manon Kenneth MacMillan es hermanastra fea de Romeo y Julieta. En lugar de la pareja noble de Verona y sus disputas, pero las familias con buenas intenciones, tenemos Des Grieux, un estudiante pobre, y Manon, una joven dividida entre el amor y dinero, además de su hermano, Lescaut, que le fuera de los proxenetas, y Monsieur GM, cuya amante se convierte, y Lescaut peluca roja-amante, a quien también Lescaut proxenetas fuera, por lo periférico que ni siquiera tiene un nombre. Basado en 1731 el Abbé Prévost la novela Manon Lescaut y coreografía de una amalgama de piezas de Jules Massenet (pero ninguno de su ópera Manon), el ballet se encuentra en París y, después de Manon es deportada, Louisiana, pero todo se parece a Inglaterra, Hogarth , un campo de batalla entre ricos y pobres, caballeros y rateros, proxenetas y prostitutas, rastrillos y ratcatchers. Es el mundo según Ken, y no es un campista feliz.
MacMillan creó Manon para el Royal Ballet en 1974, ocho años después de Romeo; idealismo Lambent sans de Shakespeare o de Nureyev y Fonteyn, que tuvo una recepción mixta, y aunque ha entrado en el repertorio del Kirov, el Ballet de la Ópera de París, y el American Ballet Theatre, nunca había estado en Boston hasta que el Real se llevó al teatro de Wang la semana pasada por cuatro actuaciones bajo los auspicios del Centro de Wang y el Banco de América celebridad de la serie. MacMillan va directamente al grano: Lescaut introduce a su amante a GM, y cuando ella se vuelve para saludar a otro admirador menos adinerados, él le da una bofetada y luego arrastra a ver una carreta de las prostitutas que se hiciera rodar a la cárcel, su destino si no en forma. GM, recién salido de Tom Jones o Barry Lyndon, que hace parecer tan viejo Capuleto villano como Daddy Warbucks, especialmente cuando siente la pierna de Manon, como si contemplar una oferta por Barbaro. (Hay un montón de fetichismo sexual aquí la participación de los pies y las piernas, pero, la violación a un lado, casi ningún sexo.) En su mejor momento, en el segundo acto velada en el "Hotel de Madame particulier", el ballet nos muestra la transición de Manon de Julieta-la inocencia a la comprensión de que sin dinero que va a acabar como Camille Dumas o Violetta de Verdi o Puccini, Mimi. Estas heroínas, sin embargo, no pedirá a sus novios pobres para remediar su situación, engañando a las cartas. Y el acto de Luisiana tercer juego es todo el melodrama masoquismo y sensiblera, sus mujeres miserables reducidos a la esclavitud sexual - no que eran mucho mejor vuelta en París.
Romeo y Julieta, además, tiene una historia lúcida, aunque sólo sea porque todos hemos leído o visto la obra. Manon es una confusión - como Arlene Croce dijo de Mayerling MacMillan, "Sinopsis preside." El telón se levanta sobre "el patio de una posada cerca de París," uno que es "frecuentado por actrices, señores, y el demi monde-de París", que , al parecer, no tienen nada que les interese en la ciudad. Manon, se nos dice, está en su manera de entrar en un convento, que nunca lo sabría. Tampoco es evidente en la escena del dormitorio en primer lugar que lo que Des Grieux está escribiendo una carta a su padre pidiendo dinero (tal vez podría vender su imponente dosel Fourposter, que podrían envidiar Julieta), o que Manon es deportada a Luisiana porque GM tiene había arrestado como una prostituta. El programa previsto para estas actuaciones confunde y aclara: Manon no robar el dinero del anciano caballero tanto en su caso, y Lescaut no se mata "en la lucha que siguió" después de la detención de Manon - esposado, que ha ejecutado, simplemente.
En ausencia de trama y el carácter, la mayor parte del ballet parece genérico y reciclado. Por aquí tenemos los traperos y golfos que los dirigidos por el Jefe Rapscallion mendigo digno de ser amado, todos mirando para el tratamiento siguiente - o truco. Por ahí es omnipresente Liga Internacional de MacMillan de pelo muy rizado putas, aunque casi no hay una mujer en la producción que no le engancha la falda para mostrar que está a la venta. En el centro, dos mujeres que ya han caído más de un John intentar el uno con el otro la-à las hermanastras de Cenicienta. En todas partes hemos gente irrumpiendo en Broadway-coro-como el jolgorio, como si estuvieran en exhibición en el parque temático de Manon, o prepararse para Manon: El Musical. Anclada en inversiones barrocas de MacMillan y ascensores Kama Sutra, las dos escenas de dormitorio para Manon y Des Grieux son similares a los de Romeo, uno antes de la crisis en primer lugar (el destierro de Romeo, la exposición Des Grieux de), una después de.
La puntuación, montado por Leighton Lucas y Gante Hilda (y en el Wang jugó con todo lo que vale la pena por una orquesta local en Martin Yates), se abre en unos compases de Berlioz-como acordes Religioso antes de pasar a lo que suena misteriosamente como HMS Pinafore de "Buttercup", y desde allí se trata de un fregadero de la cocina. Hay esbozos de Bernard Herrmann en el patio pas de deux entre Manon y Des Grieux, los clímax primer dormitorio de escena con sentimentalismo que harían sonrojar Sigmund Romberg. El Nocturno de La Massenet Navarraise anticipa el árabe con sabor a "café" del Cascanueces de Tchaikovsky, a medida que se arraigan a la larga, Saraband lenta, hipnótica, Manon se pasan de un hombre a otro, mientras te preguntas si sólo son admiradores o si GM es ahora su proxenetismo a cabo. Y no hay Bette Davis cinco pañuelo de música (Dark Victory? La extraña pasajera?) Para la gran final como Manon y Des Grieux alucinar en medio de la niebla y el musgo español.
DANZA DE REVISIÓN
Un montón de acción, romance en el Royal Ballet de 'Manon'
Por Sally Cragin, un Globo de Corresponsales | 16 de junio 2006
No nos equivoquemos - ". Manon" no hay corazón y el alma en el suntuoso y complicado emocionalmente el Royal Ballet de Coreografía en 1974 por Kenneth MacMillan, este ballet la historia en tres actos puede haber despojado de las palabras de la ópera 1884 de Massenet, pero ofrece la complejidad psicológica.
Además de un auténtico catálogo de Sears de todos los pecados capitales, que son esenciales en el siglo 18, el período de la historia original del abate Prévost. En el Centro de Wang, los conjuntos de Nicholas Georgiadis alza de los tapices - en las poleas y una cama con dosel de dos pisos de altura - están empapados en ricos tonos sepia.
Este ballet es llena de acción - las escenas de conjunto tiene el rico detalle de un grabado de Hogarth. Incluso cuando los bailarines principales dar un paso adelante, los bits de acoplamiento de negocio erupción alrededor de los bordes de la escena. A medida que la historia comienza, joven Manon se ha reunido una joven atractiva, de Des Grieux, al igual que su hermano Lescaut su intención de GM rico señor Cuando ella y Des Grieux escapar con el dinero que le robó a su aspirante a pretendiente, las complicaciones son en última instancia desastrosa. El segundo acto se desarrolla en un burdel, y el tercero se encuentra Manon deportado a Nueva Orleans, enfermos y moribundos, se defendía débilmente desde el carcelero brutal.
Como Manon, Tamara Rojo tiene carisma y excelentes habilidades. Ella tiene un paso de la firma como la niña de Manon, con delicadeza se levanta en punta y la promoción de proscenio casi en picada. Su atracción por Des Grieux (Carlos Acosta) es en un primer momento lúdico y exultante, y más tarde, torturado con claridad. Pas de Acosta de deuxs con Rojo son tiernos y ardientes. También es un bailarín cuyos mediados de aire saltos y giros son tan elaborado y lento, te preguntas si él está saltando desde un trampolín oculto. Cuando depredadora Monsieur GM (William Tuckett, que usa su tamaño imponente con gran elegancia) le regala joyas y pieles, su girlishness, literalmente, se escurre como ella paseos con sus mejores galas nuevo.
El segundo acto tiene comedia de enorme cuando Lescaut aparece borracho en el burdel. Como Lescaut, José Martín ha tenido en cuenta que el aforismo utilizado por actores que interpretan a los borrachos - jugar borracho tratando de parecer sobrio. Su solo y dúo con su amante (Sarah Lamb, antes de la Boston Ballet) es todas las piernas y los brazos windmilling. Los dos se enfrentan, con maestría - Él baja cuando está en sus brazos, pero de alguna manera se las arregla para su elevación hacia arriba. Incluso hay sutileza inesperado cuando los monos movimientos de sus manos.
Lo destacable de este ballet es su contundente y alegre, incluso (hasta en tres actos) amoralidad. En el siglo 18, que pagó por sus pecados, pero usted puede ir cayendo y balanceándonos. Y a pesar de que hay poco espacio para la redención de Manon, su situación se convierte en una tragedia a escala humana, contada con un glorioso más grande que la de tamaño real de producción.
Danza: Romeo y Julieta - por David Dougill - The Sunday Times - 12 de marzo 2006
- Para tener y mantener - David Dougill se enamora de Tamara Rojo como Julieta del Royal Ballet.
... Romeo y Julieta es un espectáculo completo compañía de ballet, en los roles estelares ocused maravillosas. El primero de los modelos muchos, en esta ocasión, fue una gran atracción: Tamara Rojo, a quien ya conocemos como un superlativo de Julieta, con su Romeo nuevo, Carlos Acosta, en su debut del Royal Ballet en esta parte. Después de su reciente asociación magnética en Giselle, se trataba de un boleto caliente.
Cuando las ráfagas de pelo oscuro Rojo primeros en la escena, revoloteando y el parpadeo en los juegos infantiles con su muñeca y su enfermera, que me recuerda mucho a Fonteyn. Ella queda encantada y preocupado al conocer a su futuro marido, París (David Pickering), un retén verdadero premio si sólo Romeo no hubiera venido. Pickering ofrece una excelente descripción del orgullo ofendido, se mezcló con la adoración, cuando es rechazado en la suya y dramáticos dúos más tarde de Julieta. Rojo retrato de Julieta es magníficamente, de manera conmovedora en forma emocionante - impresionante en la escena de su muerte, ya que alcanza hacia fuera para una comprensión última de la expiración de Romeo lado - pero no lo logra.
Danza: Romeo y Julieta - por John Percival - El Independiente - marzo 12, 2006
Peoplle ... ¿Qué gusta de Rojo y Acosta es su fuego hispana compartida. Pero lo más notable acerca del debut de la bailarina cubana como Romeo era una característica de duda en llamar a la desconfianza, pero sin duda se sentía como un nuevo holding. Esto no fue un caso de tener un mal día. A la luz de la meticulosamente pensado-a través de las lecturas de la pareja han dado en otros ballets, está claro que habían decidido en forma conjunta en un desequilibrio dinámico: Acosta Romeo apenas un muchacho, sin decir nada esclavo de las fuerzas hormonales, dejando todo el hacer y el pensar y apasionado siente a Julieta.
Retiro ..., sin embargo, no es el estilo de Julieta, y desde el balcón en dúo, se trata de su ballet. Casi se oyen los engranajes de su cerebro a medida que giro Rojo trabaja a través de las diversas tácticas posibles con su pretendiente: negación, resistencia física, la violencia y la sumisión, finalmente aburrido. Su toma de la poción, con un trago naturalista seguido de convulsiones, es tan creíble que le lleva a preguntarse qué habría pasado si hubiera sicked la totalidad del lote hacia arriba.
Añadido detalles y qué pasaría si los? han ido perfeccionando esta producción hasta el punto de que dudo que pueda conseguir algo mejor ... Nueve parejas principales se han programado más de 15 actuaciones, pero pocos tienen posibilidades de coincidir con Rojo y de Acosta por completo de sangre alcance y coherencia.
Danza: Romeo y Julieta - por David Dougill - The Sunday Times - 12 de marzo 2006
- Para tener y mantener - David Dougill se enamora de Tamara Rojo como Julieta del Royal Ballet.
... Romeo y Julieta es un espectáculo completo compañía de ballet, en los roles estelares ocused maravillosas. El primero de los modelos muchos, en esta ocasión, fue una gran atracción: Tamara Rojo, a quien ya conocemos como un superlativo de Julieta, con su Romeo nuevo, Carlos Acosta, en su debut del Royal Ballet en esta parte. Después de su reciente asociación magnética en Giselle, se trataba de un boleto caliente.
Cuando las ráfagas de pelo oscuro Rojo primeros en la escena, revoloteando y el parpadeo en los juegos infantiles con su muñeca y su enfermera, que me recuerda mucho a Fonteyn. Ella queda encantada y preocupado al conocer a su futuro marido, París (David Pickering), un retén verdadero premio si sólo Romeo no hubiera venido. Pickering ofrece una excelente descripción del orgullo ofendido, se mezcló con la adoración, cuando es rechazado en la suya y dramáticos dúos más tarde de Julieta. Rojo retrato de Julieta es magníficamente, de manera conmovedora en forma emocionante - impresionante en la escena de su muerte, ya que alcanza hacia fuera para una comprensión última de la expiración de Romeo lado - pero no lo logra.
Danza: Romeo y Julieta - por John Percival - El Independiente - 12 de marzo 2006
Peoplle ... ¿Qué gusta de Rojo y Acosta es su fuego hispana compartida. Pero lo más notable acerca del debut de la bailarina cubana como Romeo era una característica de duda en llamar a la desconfianza, pero sin duda se sentía como un nuevo holding. Esto no fue un caso de tener un mal día. A la luz de la meticulosamente pensado-a través de las lecturas de la pareja han dado en otros ballets, está claro que habían decidido en forma conjunta en un desequilibrio dinámico: Acosta Romeo apenas un muchacho, sin decir nada esclavo de las fuerzas hormonales, dejando todo el hacer y el pensar y apasionado siente a Julieta.
Retiro ..., sin embargo, no es el estilo de Julieta, y desde el balcón en dúo, se trata de su ballet. Casi se oyen los engranajes de su cerebro a medida que giro Rojo trabaja a través de las diversas tácticas posibles con su pretendiente: negación, resistencia física, la violencia y la sumisión, finalmente aburrido. Su toma de la poción, con un trago naturalista seguido de convulsiones, es tan creíble que le lleva a preguntarse qué habría pasado si hubiera sicked la totalidad del lote hacia arriba.
Añadido detalles y qué pasaría si los? han ido perfeccionando esta producción hasta el punto de que dudo que pueda conseguir algo mejor ... Nueve parejas principales se han programado más de 15 actuaciones, pero pocos tienen posibilidades de coincidir con Rojo y de Acosta por completo de sangre alcance y coherencia.
Danza: Romeo y Julieta - por Luke Jennings - El Observador - 12 de marzo 2006
Jiliet ... Tamara Rojo, por su parte, es una creación de la transparencia suave y brillante. Al igual que la superficie de un lago, que parece que registrarse en cada temblor, cada susurro de la brisa. A veces, como en la escena del balcón, que parece a la frase de su baile con su ritmo cardíaco acelerado, en otros, como cuando Romeo Carlos Acosta la deja sola en el dormitorio, la luz visible reflujos de su cuerpo ...
Danza: Romeo y Julieta - por John Percival - La etapa - 07 de marzo 2006
Tamara Rojo en su forma actual debe ser el mejor del Royal Ballet de Julieta para un cuarto de siglo o más, ya que las estaciones clientes Gelsey Kirkland. Cada movimiento es tan suave y al mismo tiempo, tan lleno de significado, mientras que su sentimiento por la música es tan perfecta como su comprensión de la obra.
Para aquellos que nunca vio a Margot Fonteyn, esta es la forma en que se utiliza para bailar. Y para este renacimiento Rojo tiene un nuevo Romeo - Carlos Acosta en forma igualmente bien.
Danza: Romeo y Julieta - por Allen Robertson - The Times - 07 de marzo 2006
... Julieta, por otro lado, ha escalado alturas trágicos. Acosado por su padre, abandonada por su madre, ella es un peón en un juego dinástico, un premio a punto de ser entregado a un noble que no puede soportar estar cerca.
Rodeado en todos los frentes - y con su marido secreto de una sola noche ya un asesino desterrado - Julieta valentía elige una desesperada estratagema maqueta suisice como una forma de retorcerse de lo que se les está imponiendo sobre ella.
Tamara Rojo transmitió todo esto y mucho, mucho más. La suya es una de las Julietas más intuitiva apasionadas, pero al mismo tiempo compleja delineados en las últimas décadas. todos ustedes, pero oye las líneas del bardo se ejecutan a través de su cabeza, como se les ve el streaming a través de su cuerpo. Esta es la inteligencia de baile por excelencia - matizada, delicada y valiente de una tacada.
El contraste entre el Rojo y Acosta no es siempre satisfactorio. Sí, ambos con un abandono de baile ardiente y garantías hábiles. Sí, su amor por el otro es palpable. Pero la impulsividad de Acosta de ninguna manera coincide con lo más profundo de la interpretación Rojo. En su lugar, se conforma con joven amante genérica, la luna-se ponchó desmayo ternero de más de su nueva novia. Es la idea de que Julieta se casan, él simplemente va junto con su madurez repentina. Arrastrado por su intensidad, que es efectivamente una bola de nieve hacia el altar, y luego a la tumba ....
Danza: Romeo y Julieta - por Sarah Crompton El Telégrafo - 07 de marzo 2006
Un clásico renovado que brilla con la grandeza:
... Pero todo esto sólo actúa como una lámina de dos actuaciones centrales de Tamara Rojo y Carlos Acosta que absolutamente brillo con la grandeza. La primera vez que lo veo, Romeo Acosta es un verdadero luchador de la calle: sexy, insolente y sonriente, enamorado de sí mismo y con la vida. Julieta Rojo es solemne, bailando con su pretendiente elegido, París, con un tipo de ansiedad reprimida.
Cuando ven que cada uno otros cambios, todo. Ambos bailarines detener el tiempo, ya que transmiten la alegría de su amor. Como salta Acosta a través de la sala de baile, que echa atrás la cabeza en la felicidad pura. Rojo lo mira con una sonrisa radiante en su rostro. Cuando por fin bailar juntos, sus cuerpos parecen fundirse unas con otras hasta que sus manos se encuentran en el de Shakespeare "santo Palmer beso".
En la escena del balcón, su baile combina la precisión técnica con un abandono absoluto. Pero lo que impresiona es la forma en que los pasos de convertirse en una expresión de sus estados emocionales. Acosta lanza de Air Tours en l'como si fueran la única manera de comunicar su felicidad. Rojo hace pie en punta de una acción de deleite.
Este rapto claramente delineadas hace que su cabeza se sumergen en la miseria aún más insoportable. Al cierre de muerte llena, yo había dejado de registrar la belleza de la coreografía, yo sólo podía ver las emociones que se desarrollan - y largo plazo, más que nunca un final feliz.
Danza: Romeo y Julieta - por Clement Crisp - Financial Times - 07 de marzo 2006
Julieta ... Rojo es ahora incluso más autorizada: forma deslumbrante, dibujado con líneas calientes de la sensación, bailó con esa sensación de abandono, es decir, en última instancia, la clave de la naturaleza de Julieta. Es un retrato glorioso.
Danza: Romeo y Julieta - por Judith Mackrell - The Guardian - 07 de marzo 2006
... Sin embargo, la segunda razón buena por el debut de Acosta es la pena la espera es que se llega a socio de Tamara Rojo, una de las más de las que afectan Julietas actuales de la Royal. Pequeñas y redondeadas con dulzura, Rojo se parece a un niño de verdad en su primera entrada, formación de hoyuelos y juguetón, pero retirada en una reserva cautelosa cuando se encuentra con el mundo adulto. Sin embargo, en el espacio de una escena, ella se convierte en una mujer, sus miembros casi cediendo con el deseo en el primer toque de Romeo, con los ojos oscureciendo con el conocimiento de los adultos cuando ella se da cuenta de la verdadera identidad de su amante.
Su regalo de parte de Rojo para el registro de la emoción hacia el interior que atrae a una elocuencia similar de Acosta. Al principio de la escena del balcón, el momento en que están parados juntos en silencio resuena con tanta intensidad que usted percibe la totalidad de la tragedia se cierne sobre asegurar sus cabezas. Y mientras que el dúo balcón en sí es ejemplar flotante - un vuelo de los ascensores y los saltos que apenas rozando tocar tierra - los dos bailarines mantener ese equilibrio entre la oscuridad y la luz maravillosa en el juego durante el resto del ballet.
Comando dramática de Acosta es cierto se tambalea un poco en la escena de la exposición pasada, pero el valor Rojo y el espíritu de crecer de forma exponencial para compensar y nunca está en duda de que esta es una asociación fantástica. También es una que está bien enmarcado por el resto de la compañía. Romeo y Julieta ha sido azotado hasta la muerte en las últimas temporadas, sin embargo, este reparto actual justifica su devolución.
Danza: Giselle - por Jenny Gilbert - El Independiente Domingo - 22 de enero 2006
... Es evidente que el éxito o el fracaso no sólo dependerá de la proporción y el tiempo y la narrativa de darles forma. Se trata de la realización de talento, y el Royal Ballet se encuentra a caballo por las nubes. Una producción también debe ser lo suficientemente flexible como para permitir que los bailarines individuales dejar su huella, y aunque Tamara Rojo y Carlos Acosta han sido emparejados en Giselle antes, nunca hay que saber a dónde va a tomar a continuación.
Rojo es, por encima de todo, un actor-bailarín. Desde su primera aparición en la puerta de su casa que ella misma marca física a cabo para la tragedia. Es cierto que he acabo de ver el brillante Acosta-suave preparar el camino para la seducción - abandonando el manto ducal, y la espada para hacerse pasar por un local - por lo que estamos preparadas. Pero hay algo insoportablemente tierna sobre la inclinación de la cabeza de Rojo, el conjunto cuadrado de su cuerpo y el alegre saltar en su paso que nos hace querer saltar allí y proteger a este niño de cualquier daño. Rojo empuja la cuestión social también: su Giselle es el asiento que se llega a presentar el ramillete al FROP toffs local, y que la humildad servil - inscritos en cada músculo - es a su vez, casi vergonzosa de decisiones en la forma en que llama a la tragedia.
Más detalles ... diciendo desde el segundo acto, cuando la muerte y la encarnación de Giselle como un espíritu aéreo, irónicamente se unen a la pareja en el desafío de las Wilis aterradores. Me encantó el trance rallentando de apropiaciones repetidas de Acosta en forma de fuga Rojo, como si quisiera abrazar a un banco de niebla. Ella, por su parte, realmente parece físicamente transformado, así como más triste y más sabio todo alrededor. El paquete está envuelto en el baile conjunto de la disciplina destacada por el cuerpo, unidos en su deseo de venganza pero escalofriantemente sereno - un esfuerzo de la empresa excelente.
Danza: Giselle - por David Dougill - The Sunday Times - 15 de enero 2006
Balance of power: Rojo and Acosta have danced the definite Giselle. David Dougill is electrified.
…but I would say, on the strength fo last Tuesday's opening performance, that the magnificent pairing of Tamara Rojo and Carlos Acosta is unbeatable. This was one of the most moving, breathtaking, slectrifying accounts of the Romantic classic I can remember. At the end, as the two artists stood together, amid a storm of bravas and bravos, people were calling out their names: “Tamara”, “Carlos”. I don't recall hearing this since the days of Margot and Rudolf.
Rojo's beauty shines from within. Her peasant Giselle is a creature of joyous innocence and grace; her mad scene is brilliantly judged and frightening; then, transformed into a ghostly Wili, her compassionate love radiates through her equally compelling appearance of otherworldliness. Acosta's characterisation of the duplicitous Albrecht is finely crafted, his technique effortlessly virtuosic, his every move and gesture filled with noble bearing. Seeing these two dance together is more than a joy, it is a privilege. The pas de deux in the second act – ravishingly paced and phrased to Adolphe Adam's music, under the baton of Boris Gruzin – could only be called sublime….
Dance: Giselle – by Luke Jennings – The Observer – Jan. 15, 2006
When you first catch sight of Tamara Rojo in the Royal Ballet's production of Giselle, it's shocking. You've just watched Carlos Acosta as Albrecht, preparing to indulge in a rustic seduction fantasy, and on runs this little, square-shouldered girl. A child, really, in puff sleeves, open-mouthed with disbelief that she could be of interest to such a man, let alone loved by him. Everything about her proclaims her defencelessness, and the moment is so agonising that you just stare, the tragedy opening up before you like a chasm. you know that she's going to suffer, and that you will, too.
….But it was Rojo who made the evening unforgettable. the delicacy and power of her performance rushes straight to the heart.
When she learns of Albrecht's deceit, she simply stands there, her hands falling with infinite slowness to her sides, her hopes dying in front of you. In the second act, infinitely sad, she seems to drift into Albrecht's arms like snow, and when he lifts her, she appears completely weightless. This insubstantiality masks a formidable technique. Rojo's dancing is like a kind of calligraphy, with every balance sustained, every turn held, every phrase coolly drawn to its conclusion.
Dance: Giselle – by Sarah Crompton - The Telegraph – Jan. 12, 2006
…On Tuesday night, at the Royal Opera House, Tamara Rojo took the part of the betrayed peasant girl who saves her man from death by the power of her love, and her star quality shone through. She is exceptional, combining the dramatic projection of a silent-movie star with a technical ability so strong that she makes you see the pure path of every movemtne.
In her Giselle, these qualities come together to create a fully-formed character whose grip on happiness is always very tentative. From the moment she flies onto the stage to dance with Carlos Acosta's disguised Albrecht, there is an anxiety about her, as if she is fearful to give herself fully over to joy.
Rojo's great ability is to make this portrayal inform every step, so when she crosses the stage in a series of attitudes, planting kisses in her lover's hand, her actions capture the transitory nature of life and love. Her mad scene seems to unfold in the slow motion of a dawning realisation of her betrayal, before a crescendo of desperation precipitates her death.
In the second act, when Giselle becomes a Wili, condemned to haunt the forest and drive men to their doom, Rojo finds new reserves of tenderness – and melting flexibility in her movements. No longer human, her love endures.
…For me, only Rojo illuminated the ballet's dark and truthful heart.
Dance: Giselle – by Debra Craine – The Times – Jan. 15, 2006
…Not many women today would forgive such a blatant liar, but Tamara Rojo makes you believe in the strength of Giselle's love for Albrecht, even from beyond the grave. Leading the opening night cast, Rojo sparkled in Act I, her Giselle anxious to be wooed but skittish all the same. Her dancing was a display of classical quality backed by fabulous strength, while her mad scene was a knockout, full-bodied drama from a flesh-and-blood woman. In the spirit world Rojo becomes something else, a glorious throwback to teh 19th century, dancing on a breath, there and not there, ethereal and beautiful, yet still connected to the lifeline of her love for Albrecht….
Dance: Blancanieves – by Julio Bravo – ABC – Nov. 20, 2005
…Si Tamara Rojo se plantara ante el espejo y le preguntara, como la Reina de “Blancanieves”, aquello de: “Espejito, espejito, ¿Quién es la mejor bailarina del mundo?”, no hay duda de que escucharía: “Tú”. Y es que Tamara Rojo es hoy en día, si no la mejor bailarina del mundo (los términos absolutos en el arte son siempre peligrosos), sí una artista muy difícil de igualar. Así lo repite la crítica una y otra vez en Londres y así lo ha demostrado una vez más en Bilbao, en el estreno de “Blancanieves”, donde se sobrepuso a una lesión en el tobillo que le impedía rendir al cien por cien pero que no le impidió abrir el abanico de su arte: impecable técnica, efusividad, dulzura, coraje, musicalidad, calidez, expresividad y, otra vez, coraje (tiene tanto que hay que citarlo dos veces).
El elogio resulta especialmente satisfactorio porque Tamara es el mascarón de proa de un proyecto más que inusual: la creación de un ballet clásico en nuestro país. “Blancanieves” nace del empeño de Ricardo Cué y de Emilio Aragón, que han puesto en pie una producción llena de aciertos y ovacionada en su estreno bilbaíno en el teatro Arriaga. Si no es fácil sacar adelante una compañía de ballet en España, es mucho más complicado armar un conjunto como el que Cue y su mano derecha, Santiago de la Quintana, han conformado en los últimos meses. ...
Dance: Blancanieves – by Roger Salas – El País – Nov. 11, 2005
…Tamara Rojo es una bailarina maravillosa (difícil palabra que nunca uso) y dotada, pero sobre todo, es una heroína real del trabajo. Ella es hija y producto de su tesón, de su bienaventurado empecinamiento en hacerlo mejor siempre, en vivir dentro de la espiral de esa lucha por la perfección y el éxtasis que es el gran ballet y por ese es ella ya hoy grande. Allí, en esa esfera de gran arte, se mueve ella (más alto hoy día, imposible) y su generosidad la hace venir a España a bailar esta obra. Ella no lo necesita. El público del ballet español, sin embargo, si necesita verla a ella; ya las otras. A las buenas. Su excelencia la hace capaz de hacer a la izquierda lo que otras no consiguen a la derecha natural del ballet. Parece complicado, y lo es. sus fouettés de anoche, no solo fueron buenos, sino mágicos, pero es una magia de la que sabemos el meollo: su fuerza, su trabajo. La última sección de compases de su coda dan deseos de verla otra vez, muchas veces. Recuerda otros tiempos, otras bailarinas, heroínas también como ella, mujeres capaces de hacer de la danza clásica una sublime religión que reverdece en cada giro y cada arabesque donde la respiración tiene un elevado sentido, una búsqueda en la que se cita baile, vida, arte y voluntad.
Dance: Blancanieves – by Julia Martín – El Mundo – Nov. 11, 2005
…La luz de Tamara Rojo -que se ha negado a anular sus actuaciones pese a sufrir una rotura de tendón- y el gusto por el ballet se han unido en el éxito de esta Blancanieves construida -en su danza y en su música, en su escenografía y en su libreto- sobre el rastro de otros títulos famosos….Blancanieves, protagonizada por nuestra reciente Príncipe de Asturias Tamara Rojo, es, ante todo, un montaje para ver bailar y para dejar bailar; para que los aficionados puedan enseñar a sus hijos cómo es un rond de jambe o un gran jeté….Y, por supuesto, en cada aparición de Rojo, donde hay una pleitesía a otras heroínas, desde Aurora a Kitri.
Dance: Marguerite & Armand – by Clement Crisp – Financial Times – Oct. 31, 2005
…The heroine of the past weeks has been Tamara Rojo. Like Lynn Seynmour, whom she more than pasingly resembles in style, her every action is part of a human story, exquisitely and truthfully told.
In Marguerite and Armand she reminds us that the original Lady of the Camelias was dead at the age of 23, and her story is all the more pathetic because of this. We see, not the mature courtesan of Fonteyn's creation (and Fonteyn was 43 when the role was made for her) nor Sylvie Guillem's worldly creature, but a young woman still vulnerable, still even hopeful. The progress of the action, danced with dulcet grace by Rojo, becomes even more heart-tearing. Her innate musicality, her simplicity in playing (tuberculosis racking her body in frightful spasms) and her intense concentration (her meeting with Armand like Juliet first seeing Romeo in its heart-giving finality) are signs of a reading that remakes, and beautifully so, the ballet.
She needs a more ardent Armand than Federico Bonelli (agreeable, sensitive, but not aflame), just as she needs a madder and more intoxicated James than the pleasing but less-than-headlong Rupert Pennefather in La Sylphide. Rojo's sylph is adorable, meltingly mistress of every sweet pose and pretty step, and in the death scene, of course, a tear-jerker. Rojo is, for my money, the most impressive, the most expressive, ballerina in the country.
Dance: Marguerite & Armand – by Jeffery Taylor – Sunday Express – Oct. 23, 2005
…On the other hand, waiting for Tamara Rojo's debut in Ashton's expanded duet, Marguerite and Armand, created in 1963 as a Fonteyn/Nureyev showcase, had tongues hanging out. And well they might. Only a handful of actor/dancers come alive on stage, like her, above the waist.
Rojo hypnotises with her face and heart while her body frees her from the laws of gravity. We are lucky indeed to have her in our midst.
Dance: Ondine – by John Percival – The Stage – Apr. 28, 2005
Frederick Ashton's three-act ballet Ondine was primarily inspired by his love of the sea, the surge and swell of waves and not since Margot Fonteyn, his original protagonist in 1958, has there been an interpreter so apt as Tamara Rojo, dancing the premiere of this revival.
The smooth flow of her movement and the sensitivity of her response to Hans Werner Henze's expressively colourful music combine with the deep sincerity of her interpretation to bring the character of the adored water nymph credibly to life. She is conceived as literally without a heart (witness her surprise on first feeling the heartbeat of her admirer Palemon) but not at all heartless – a most touching, entirely convincing performance and, as always with Rojo, beautifully danced.
Dance: Ondine – by Jann Parry – The Observer – Apr. 24, 2005
…But when Henze describes the naiad heroine, Ondine, Tamara Rojo is in her element. The role was fashioned for Margot Fonteyn, and Rojo conveys a similar sense of wonder at the world humans inhabit.
Like Fonteyn, she's both sprite and siren, innocently seductive. Childlike, she plays with her shadow, then, once Palemon captures her and she discovers what having a heart means, both are doomed. In the final tableau, her support has gone: he lies lifeless on the seabed; she mourns as a mermaid forever.
So long as Rojo is on stage, the ballet is a marvel. She embodies the music throughout her many pas de deux with Jonathan Cope as Palemon. She's delightful in her confrontation with his harridan of a fiancee, Berta, played by Elizabeth McGorian, who makes the most of an impossible role and costume. But she and the other characters merely serve to make three acts of what is essentially an ode to a very special ballerina.
Dance: Ondine – by David Dougill – The Sunday Times – Apr. 24, 2005
…Tamara Rojo, the first of three Ondines in the current revival, is a beautifully convincing, capricious and touching water sprite, flitting and trilling in her pretty, witty dance with her shadow, flowing through the fluid choreography with which Ashton poetically expressed the theme of water. She captivates us with her innocence, and moves us with the tragic fate that befalls her and her mortal lover, Palemon.
Dance: Ondine – by Clement Crisp – The Financial Times – Apr. 21, 2005
…and Tamara Rojo is Ondine. I often watched Fonteyn in the role and adored her. But Rojo's reading, so fluent, so easy, so musical and so lustrously drawn in dance, gives the role something even more compelling than did Fonteyn. She recalls – how mysterious – Pavlova, whose image haunted Ashton's writing for women. The great duet in the second scene, when Ondine and Palemon celebrate their love, is astounding in its beauty and its expressive force. This is a masterpiece honoured, shown at its best.
Dance: Ondine – by Jane Simpson – Ballet Co. – Apr. 19, 2005
…The leads on this occasion were Tamara Rojo (Ondine) and Jonathan Cope (Palemon). Both by now are familiar with their roles, but there was a freshness and urgency about their partnership, and a real feeling of spontaneity, particularly in their first meeting as if they had made the steps up on the spot. Rojo is wide eyed and playful: her Ondine is inhuman, enchanting, unconscious of her charm and the chaos she causes. Her liquid, rippling arms show us the water she moves through, The role of Palemon is more that of a solicitous partner rather than requiring technical fireworks, and Cope's tender support was just what was required here, with Rojo confidently entrusting herself to him. At the very end of his career, Cope has at last found previously unsuspected reserves of passion, and the final Act 3 pas de deux where the betrayed Ondine returns to kill him with a longed-for kiss had real anguish and desperation.
Dance: Rite of Spring – by Clement Crisp – The Financial Times – Apr. 13, 2005
…About Rite I can but report that it looks as potent as ever, and that Tamara Rojo as the Chosen One gives (how unsurprising!) a performance of most searching intelligence: she concentrates within herself every aspect of the role – its terror, its inevitability, its mysterious sense of possession by a force greater than she. Like Monica Mason, for whom the role was made and whose interpretation must be seen as one of the greatest in the Royal Ballet's postwar history, Rojo is possessed – by dance, by score, by the central force of this myth. Wonderful artistry.
Dance: Manon – by Clement Crisp – The Financial Times – Feb. 23, 2005
…But given, as it was at the end of last week, with Tamara Rojo and Carlos Acosta as the lovers, and José Martin as Lescaut, it earns its place as a delight to be savoured as often as possible.
…But Manon ultimately depends upon its heroine. Tamara Rojo puts not a foot wrong, nor a curve of her delicious torso, nor a decorative arabesque of her hands. (How enchantingly these can end a phrase.) She steps from the coach and we are beguiled. (I have been listening to the recording of Massenet's opera from a 1930s broadcast, with Maggie Teyte and Heddle Nash. Rojo has the same freshness, the same delicious allure that we hear in Teyte's performance.) And when GM offers her jewels and furs, Rojo hugs them to herself, and we know that she is doomed.
In everything – in dancing exquisite in outline, inevitable in its progress – Rojo shows us MacMillan's Manon to the life, and death. So, too, Acosta's des Grieux. The dance, of course, has magnificent physicality. It is also Acosta's perceptions about the character, the almost (but only almost) naivety of his playing, its directness, that speak so truly about the young man. He loves, and that is all. His decency, his sometimes desperation, all are there, and he provides both a setting for Manon's feelings and a mirror to their selfishness. A splendid partnership does honour to the ballet.
Dance: Swan Lake – by Clement Crisp – The Financial Times – Jan. 13, 2005
Rather after the fashion of those old plays with subtitles, the Royal Ballet's Swan Lake on Tuesday should have boasted the rider Or Virtuosity Rewarded. Pierina Legnani, Petersburg's first Odette/Odile in 1895, is still remembered for her speciality of 32 fouettès introduced into the ballroom scene, but though Tamara Rojo and Carlos Acosta have skills that are the stuff of bravura, these are placed wholly at the service of the ballets they perform. Not showing off, but showing: showing how supreme ability may illuminate, even redeem, a step, a role. Dross, even, made gold.
So it was as both artists renewed those central characters who can too often (with lesser talents) seem the incarnation of every preconceived notion about swans and Tchaikovsky and deadened responses to ballet as a vivifying, rather than embalming, art.
Rojo presents Odette's dances as if pouring thick cream in long streams of luscious movement. The impulse is strong, the muscular tone generous, the emotion – she is unrivalled in the Royal Ballet as a dance-actor – saturating the choreography, which speaks more eloquently than we have seen for years with Royal casts. She balances and turns with supernal ease, never hurrying save when the dance demands it, and favouring slowest tempi. Each position flowers in the air, as in our imagination, and lyric tragedy speads. (I may quibble with her moltissimo lento view of Odette's solo, since the music is stretched almost to breaking point, but the effect is heart-rending.)
This odette is doomed, knows she is doomed, and Siegfried's oath of fidelity barely touches her psyche. Odile becomes the most malign, most hypnotic of visions. (For the record, every fourth fouettè was a triple and, juicily, deliciously so, a pose in arabesque was held flawlessly for an ecstatic eternity.) The reading, you will understand, was commandinly grand, not because of its brilliancy – though that might seem justification enough – but because of Rojo's dramatic and physical intelligence (a double gift rare among ballerinas). She has ever been a notable inhabitant of this, alas, predictable drama. Now she makes it seem unpredictable (and profoundly true) in its every aspect…….
Dance: Swan Lake – by Ismene Brown – The daily Telegraph – Jan. 04, 2005
…The enormous poetic vision demands interpreters without compromise, and in the three heavyweight opening cast, Tamara Rojo and Carlos Acosta soared with this ballet to its further planes.
The compact Rojo has a less bird-like physique than Zenaida Yanowsky and Alina Cojocaru – the albatros-limbed Yanowsky made a splendid flying entrance, while Cojocaru delicately fluttered on, the water drops almost visible on her.
But the double role of Odette-Odile is about more than costume and length of limb. Rojo has the superlative technique and poetic imagination to build a compelling picture of this eerie creature – bird, woman, queen and prisoner.
Her Odette was dignified and isolated, a queen fatalistically resigned to imprisonment, only to be heartrendingly broken down by Acosta's promise and betrayal. At all stages one felt how thin was the possibility of a happy ending between these two people – his simple conviction against her complex consciousness. Their final pas de deux was a last, private conversation before execution, its sadness overwhelming.
But Rojo also did something revelatory with her Odile. She was cute and sensationally alluring, of course, but she also hinted in her grazed eyes that this vamping doll might have her own tragedy as the evil magician Rothbart's creature – and Acosta responded to this implied vulnerability. Masters of all dance's skills, they ask human questions that cling in the mind for days.
Swan Lake – by Elise – Ballet.co – Jan. 3, 2005
January 3rd 2005 may well go down in history as one of a trinity of performances the like of which have not been seen since the three legendary Fonteyn/Nureyev performances of Giselle at Covent Garden. Such is the artistry of Rojo and Acosta in Swan Lake that anyone who had a ticket knows just how fortunate they were.
…The Act II pas de deux between Odette and Siegfried was beyond sublime. Rojo's Odette is fluis, her penche and cambre movements telling the story. The overhead lifts looked like silent wailing. There is some doubt over the introduction of these lifts since in 1895 costume cut alone would have rendered these very unlikely. Odette was never more luminous and shimmering than when performing her petit battement sur le cou de pied moves at the end of the love duet.
Act III has all the fireworks, and tonight you could feel the stars exploding as Acosta and Rojo danced to the music as Siegfried and Odile. Rojo's Odile looks like someone you would not want to mess with. Her balances were strong, the famous fouette rond the jambe en tournants were fast, secure and sometimes triple or quadruple turns. Rojo held her balances longer than seemed humanly possible. Acosta's leaps and turns were gravity-defying and it's a wonder all the scenery stayed in place. The moment when Odile laughs in Siegfried's face is chilling, and Rojo's expression, despite the smile, reminded me of the famous picture “The Scream”.
Act IV, back at the lakeside sees a heartbroken Odette and a suitably remorseful Siegfried. At last they are re-united after jumping into the lake which surely sees the end of Von Rothbart…
Rapturous and lengthy applause greeted every movement Rojo and Acosta made, and their curtain calls were just the same. Richly deserved, they looked happy with their performance.
It was just a beautiful, beautiful evening.
Swan Lake – by John Percival – The Stage – Dec. 30, 2004
….The leading roles have four or five varying interpreters during the run but they don't come better than the opening night couple, who are as dazzling and – equally important – as emotional as we have seen for many a long year. Most ballerinas would be eclipsed by Carlos Acosta's brilliance and elegance as the hero Siegfried. Not Tamara Rojo, however. Her immensely fast and secure fouettees – there must have been nearly 40 of them – and her astonishingly long-held balance provided a breathtaking climax to her seductive Odile, villainous alter ego of her tragic Swan Queen Odette, whose tender love grew movingly to a final self-sacrifice.
Rojo and Acosta work beautifully together and one or two out-of-time soloists in supporting roles could learn a lot from the way this pair respond unfailingly to the patters and likewise the feelings of Tchaikovsky's score.
Swan Lake – by Debra Craine – The Times – Dec. 27, 2004
…Tamara Rojo led the opening cast. She is a womanly Odette who greets Prince Siegfried with voluptuous aloofness, a creature to be desired but not touched. At first this worried me. I feared she would rely on technical expertise at the expense of feeling, but as the ballet progressed Rojo developed the drama and by Act IV she had buried my doubts in a swirl of passionate expression that carried her Odette over the edge of life itself.
Rojo is a dancer of enormous strength and proficiency, and she used her assets brilliantly in Act III's famous seduction scene. Here, as the evil Odile, Rojo regaled Siegfried with an Olympian display of ballet technique – phenomenal balances, astonishing turns – virtually daring anyone to outdance her.
Carlos Acosta is not one of nature's Siegfrieds. Broody introspection doesn't sit easily on a dancer so fabulously extrovert. Yet he, too, rose to the dramatic imperative of the final act, swept along by Rojo's conviction.
Royal Ballet 'Swan Lake' – by Jeffery Taylor – Sunday Express – Dec. 26, 2004
What a night for British ballet. Never mind if the ballerina was Spanish, nor that her partner was Cuban, last Thursday Tamara Rojo entered her own rarefied stratosphere of brilliance as Odette/Odile in Swan Lake….
We all know by now that Rojo is one of the finest actresses currently on the London stage. Her staggering attention to detail focuses the unforced power of her joy, passion and tragedy as Manon and Juliet, even her short solo as the half mad 1930s socialite, Isadora Duncan, is mind blowing.
But Petipa's Swan Lake is a classical structure, illustrating what we hope is an eternal truth – love conquers all – by using a strict physical technique set within an austere framework, an illusion which pretentious performance and technical inadequacy will instantly shatter. From Rojo's first lakeside appearance as the woman emerging from her avian curse, the entire house is spell bound. You really could hear a feather drop. In the famous duet with her nemesis lover, Prince Siegfried (Carlos Acosta), and without raising an eyebrow or faking a sigh, Rojo sucked the sympathy from 2,200 people by performing the savagely simple steps with unassailable honesty.
Swan Lake – by Jann Parry – The Observer – Jan. 2, 2005
Rojo's tragic heroine, Odette, is a woman trapped in swan guise, hating her bondage to the enchanter, von Rothbart. She's warm-blooded, unlike ethereal Russian swan-maidens: Acosta's Siegfried is eager to wrap his arms around her yielding body, drown in her dark eyes. Ten, as Odile, she's cool, the reverse of the usual dual-role interpretation. She entices Siegfried by having no need of him: she can whip off multiple fouettes and balance unsupported with superhuman ease.
He smiles with genuine joy, while her laugh of triumph send shills down your spine. Above all, the clarity of their dancing reclaims the staging from shadowy prettiness: Swan Lake tells a cruel story, as Tchaikovsky know.
Dance: Cinderella – by Clement Crisp – The Financial Times – Dec. 23, 2004
…Meanwhile, at Covent Garden, Cinderella still goes to the ball (looking, in its new decoration, like an apprentice drag-queen). But, hoy, tamara Rojo is playing the heroine with grace, delicious musicality and sweetest technique. Every second shines, lifts the heart, goes to the heart. It is a ravishing interpretation, and reminds us of the beauties of classic dance. To her, and to all dancers and audiences, a happy Christmas.
'Scenes de Ballet?, 'Five Brahms Waltzes in the manner of Isadora Duncan?…. by Jane Simpson – Nov. 17, 2004
…The intervening work was the Five Brahms Waltzes in the manner of Isadora Duncan, given an astonishing performance by Tamara Rojo. Far more extreme than Lynn Seymour, she gave us a portrait which I could imagine is rather more like the real Isadora, whilst Seymour's is Ashton's memory of her. This Isadora is driven, passionate – angry, even – and Rojo gives her a vividly theatrical immediacy. It's a stunning portrait and can live beside the softer Seymour version, which it in no way displaces. And in either version, the start of the last dance, as Isadora runs down to the footlights with rose petals spilling from her hands, is one of the great dance images of the last century.
Ashton 100th Celebrations – by Giannandrea Poesio
…For me, however, the highlights of the divertissements section were the Five Brahms Waltzes in the Manner of Isadora Duncan and Voices of Spring. For many dance-goers, myself included, the former dance will always be linked to its creator, the ballerina Lynn Seymour. Still, Tamara Rojo is by far the best interpreter of the contemporary generation I have seen. Not only does she bring back happy memories, but she also bestows a strongly individual quality on the work, which allows her to evoke the legendary Isadora Duncan in a theatrically immediate way.
Ashton 100 – by Debra Craine – The Times – Nov. 16, 2004
…Happily, we have all of Five Brahms Waltzes in the Manner of Isadora Duncan (1976), Ashton's tribute to his muse. Tamara Rojo goes to town in this barefoot solo, unshackled from dance convention and running wild as the wind. In her auburn wig and peach tunic, Rojo's Isadora oozes divine derangement and histrionic enthusiasm.
Ashton 100 – by Judith Mackrell – The Guardian – Nov. 15, 2004
…It's left to Tamara Rojo, dancing Five Brahms Waltzes in the Manner of Isadora Duncan to close the historical gap. Rojo dares, as Duncan did, to range from childlike simplicity to diva histrionics – and, as Duncan did, she animates the stage with the force of her imagination. It's a heroic performance and Ashton would surely have loved it.
Gala de l'Entente Cordiale à l'Opera de Paris – Renè Sirvin – Oct. 3, 04
…c'est sans doute sa compatriote Tamara Rojo, ètoile du Royal Ballet, qui fut la grande rèvèlation de la seconde partie du programme. En tunique antique et pieds nus cette artiste trop rarement applaudie en France, interprèta un magistral solo: cinq valses de Brahms à la manière d'Isadora duncan. Tour à tour rêveuse, enjouèe, passionnèe, violente, fèminine et sensuelle, elle èvoqua magnifiquement la grande danseuse que Frèdèric Ashton put voir danser peu avant sa mort tragique en 1927. Il conçut cette chorègraphie pour Lynn Seymour en 1976, et Tamara Rojo semble aujourd'hui l'incarnation même d'Isadora Duncan, telle que nous pouvons l'imaginer à travers les puissants dessins de Bourdelle et Dunoyer de Segonzac notamment.
Dance: The Royal Ballet – by IAnna Kisselgoff – The New York Times – July 15, 2004
…Ms. Rojo, who has appeared here at galas and with Victor Ullate's company from Madrid, is a major classical ballerina. She can project through technique and although small can also project dramatically, as her devastating permormance showed in the last duet from “Ondine”. In Ashton's three-act ballet, set to Hans Werner Henze's modernistic music, the knight Palemon weds the water sprite Ondine and then dies with her final, fatal kiss. Approaching Iñaki Urlezaga, Ms. Rojo was all perfect classical line but was also imbued with dard mystery. Rarely has Ashton created so potent an image of erotic love as brought out by these dancers. Visibly seduced, this Palemon could not resist the last embrace just as Ms. Rojo, the embodiment of desire, accepted that embrace with grim tenderness.
Dance: Cinderella – by Mary Cargill – www.danceviewtimes.com – July 19, 2004
…The Cinderella, Tamara Rojo, has amazing gifts: a perfectly classical body, and a beautiful face. She is centered, strong, and not at all flashy. She was a bit too playful in the first act, dancing with the broom as if it were a toy, and not a longed for, imaginary partner. She could also have projected a bit more warmth in the ballroom scene; she certainly didn't need to grin, but she could have used her large, dark eyes a bit more expressively. Perhaps she thought her dancing was expressive enough, and it almost was…..
Dance: Cinderella – by Robert Gottlieb – The New York Observer – July19 19, 2004
…Rojo is a strong and convincing classicist, and in the ballroom scene she was very beautiful, with her lovely body and legs and her purity of approach.
Dance: Mayerling – by Ismene Brown – The daily Telegraph – March 19, 2004
…Cope's transformation was due to his coaching by the fabulously daring Lynn Seymour, the original Mary Vetsera in Mayerling, and to his partner in the role now, the equally astonishing Tamara Rojo.
As the crazed groupie who joins Rudolf in his grotesque suicidal ecstasy, Rojo makes the head swim to watch her, a little, black-haired, enchanting sensation-seeker, high on her hormones and avid for celebrity. She makes no excuses at all for Vetsera, and, as she coils herself lubriciously aroung Cope, you have to remind yourself that this in only ballet – because it so terrifyingly feels like ghastly reality.
Dance: Mayerling – by Jeffery Taylor – Sunday Express – March 21, 2004
…Then just when you think he, and you, cannot take any more, he meets his Nemesis in the tiny but dynamic shape of Tamara Rojo. Rojo, as Mary Vetsera, a blue blooded tart, is a ticking sex bomb eager to show Rudolf a thing or two about going too far.
Rojo's Mary, intrigued by Rudolf's bedroom games with a pistol, realises there is only one thrill left for herself, her Prince and his demons – death. What a performance, what dancers – Cope and Rojo, two stars spectacularly colliding last week and redefining the future of British dance.
Dance: Mayerling – by Bruce – Ballet co.uk – March 19, 2004
Each year there are but a handful of really great performances. Other nights may well be enjoyable and uplift the spirits but very special nights lodge long term in the memory and that's exactly what Jonathan Cope and Tamara Rojo did for me in their opening Mayerling performance of the run….
Cope's Crown Prince Rudolf is anything but noble: a scary portrayal that gets scarier when Rojo arrives half way through the ballet. A woman determined to get her man and the only woman in a sea of them who understands the ticking time bomb he is. Ultimately she dies with him – both mercifully released. The pdd between them are amongst MacMillan's finest – riskier than many with hige throws, twists and unusual jumps. It all totters on a terrifying knife edge emotionally and technically: they take huge risks as Rojo, particularly, becomes totally consumed…..This is the Royal Ballet at its world best. Other casts will be good I'm sure, but live on the very wild side and see Cope and Rojo if you can.
Dance: Mayerling – by Jann Parry – The Observer – March 21, 2004
…His terrorised bride cannot stand up to him on their wedding night. He meets his match, though, in Rojo's Mary. She's no innocent; one look at him from under her dark eyelashes brings him to his knees.
Avid for sensation, she winds her pliant body aroung him, inviting him to lose his soul. Beautiful and depraved, she's a monster. Cope's Rudolf absorbs her into his bloodstream like the morphine he mainlines. She kills him, though he's the one who blows their brains out. Witnessing their pas de deux is an act of indecency.
Dance: Mayerling – by Ami – Ballet co.uk – March 18, 2004
…Rojo's Mary is the perfect partner for Cope's Rudolf. Her transformation from a young playful girl in Act I to an obsessive, infatuated teen in Act II is complete – she is a young, beautiful woman aware of herself and her body. This Mary is raw sensuality, and she knows it to a point that it becomes frightening. In many ways she seems more calm and collected, and thus perhaps even slightly madder, than Rudolf. Rudolf has been obsessing with guns/skulls/drugs/sex for years – and Mary quickly leaps into this world, making the obsessions “her” domain. The gun doesn't scare her, she willingly points and fires with no fear, no desire to put it down, and when it is in Rudolf's hands, she is not scared of it. And, as noted in another review, the manner in which she watches Rudolf inject his last morphine is spine-chilling.
Dance: Mayerling – by Clement Crisp – The Financial Times – March 18, 2004
…I think this portrait a wonderful summation of Cope's artistry over his years with the Royal Ballet, and one perfectly understood. Perfect, too, Tamara Rojo's Mary Vetsera. Rojo offers luscious physicality, line that pours creamily into the choreography and constant revelations about the hectic temperament of a character who is still only a girl. It is a flawless interpretation, whose physical outlines are ravishing, and ravishingly expressive
Dance: Mayerling – by Debra Craine – The Times – March 19, 2004
…As Mary, Tamara Rojo is no less wonderful. Her dancing is exceptional, the technique beautifully placed yet wildly sensual. Rojo brings such overt eroticism to the teenage Mary that it's almost indecent watching her wrap herself around Rudolf and his sick fetishes.
Dance: Mayerling – by Sarah Frater – Evening Standard – March 18, 2004
…Opening the current run, Jonathan Cope and Tamara Rojo brought an extraordinary clarity to the lead roles. Cope's Rudolf is a despairing and vicious man, rejected by his mother, the excellent Zenaida Yanowsky…. Tamara Rojo was equally good, her Mary a star-struck teenager-turned-professional pleasure seeker, whose sexual curiosity knows no bounds. Together, Rojo and Cope are a powerful pair, physically well matched and willing to take considerable risks. There was no holding back in their last duet, a passionate series of skidding runs and flying turns, and increasingly erotic entanglements.
Dance: Mayerling – by Judith Mackrell – The Guardian – March 18, 2004
…Tamara Rojo is equally extraordinary as Vetsera and in the lovers' first pas de deux, her ruthless and extravagantly yielding little body goads Rudolf to such extremes of sensation there seems nowhere else for them to go but death. By act three Cope looks wasted, and the gagging intensity with which Rojo watches him inject his last shot of morphine is almost more scary than the shots that finally kill them.
Dance: Giselle – by Judith Mackrell – The Guardian – January 15, 2004
…Tamara Rojo, by contrast, emphasises the physical difference between the acts. Her Giselle starts out as a fizzing, hopeful girl, her quick glance and flirty footwork signalling every stage of her intoxication with Albrecht. In the second act, however, Rojo finds a radiant stillness in her character, deploying her formidably centred balances to suspend Giselle in a supernatural world.
ARTS: Cinderella, CLEMENT CRISP – Financial Times, Jan. 9, 2004
…-Rojo cannot make a meaningless or uninteresting step in anything she does. She dances, and we believe, and delight in believing. Her Cinderella dreams, lives her dreams, and we rejoice at her feelings and at the sweetness with which she shows them, as movement pours through her, each solo a joy, phrased angelically.








